El pasillo del piso 38 a las siete de la mañana de un sábado tiene el mismo silencio de siempre.
Irina sale del despacho con la mochila al hombro. Las manos frías. El pulso en ciento diez, que es el número que tiene el cuerpo cuando se acaba de hacer algo que no tiene marcha atrás y el cerebro todavía está procesando que no hay marcha atrás.
La cara: sesenta. Siempre sesenta en la cara aunque el cuerpo esté en ciento diez.
Camina hasta el área técnica. La recepcionista del piso llega justo cuan