Viernes. Seis y veintisiete de la mañana.
Irina llega al acceso norte de la obra con el casco en la mano y los planos del nivel cuatro bajo el brazo. El cielo tiene ese color de noviembre avanzado que no decide entre gris y azul y termina siendo los dos mal mezclados.
Rosales ya está.
Zaid llega a las seis y treinta y dos.
Puntual en el sentido de que llegó cuando dijo que llegaría. No antes. No con el margen de cinco minutos que Irina siempre toma porque los cinco minutos previos son para ajus