El sábado a las once y veinte suena el teléfono.
Darío.
Irina lo atiende porque atiende las llamadas de Darío cuando llevan tiempo sin hablar y esta vez llevan dos semanas sin hablar, lo cual es más de lo habitual desde que el asunto de Horacio los volvió a cruzar.
—Me contactó —dice Darío, sin preámbulo.
No necesita decir quién.
—¿Cuándo?
—Ayer a las cuatro. Un mensaje primero. Luego una llamada.
—¿Qué quiere?
—Los documentos. Los que tengo guardados. —Pausa—. Dice que puede protegerme si coop