Orión
Un silencio denso colmaba el espacio, solo interrumpido por el suave tic-tac de un reloj que resonaba con una cadencia casi hipnótica, intensificando la sensación de que el tiempo se había detenido, pero que algo crucial estaba a punto de desvelarse. En este ambiente saturado de tensión, las emociones flotaban en el aire como chispas a punto de encenderse, un cóctel de inquietud, expectación y el palpable suspenso de un enigma por resolver.
—Bueno —el doctor se aclaró la garganta —Comenza