Por un instante, la mente de Samia quedó en blanco. ¿Liam? ¿No podía ser?
Giró la cabeza incrédula y vio a Killian de pie, en silencio, junto a la entrada del estudio de danza. Su semblante se mantenía sereno, como si ya esperara aquel desenlace, sin mostrar sorpresa alguna.
Ese era justo el tipo de cosa que cabría esperar de Liam. ¿Acaso confiaba en muy pocas personas, o es que ya había visto demasiada maldad en el mundo?
Daiana comprendió al instante que quien la había sobornado conocía perfe