Maison salió del baño secándose el cabello y encontró a Isabela encogida en la cama como un pajarito. Tenía las rodillas recogidas contra su amplio camisón, mirándose el vientre con preocupación, temiendo estar apretando demasiado al bebé.
—Amor —le dijo él suavemente—, nuestra hija me dice que esa postura no le resulta nada cómoda.
Isabela se quedó muda. A medida que avanzaba el embarazo, él siempre encontraba la forma de saber lo que ella necesitaba. Se acomodó entonces con una almohada en la