Aquella noche, Tany estaba a punto de terminar una cita a ciegas y se sentía fatal. Cuando estaba a punto de regresar al dormitorio, de repente se dio cuenta de que alguien parecía estar observándola.
Tany giró la cabeza.
Bueno... parecía que algún ladrón quería secuestrar a su adorable Pececita.
—¿Qué quieres de mí?
Killian se acercó y le entregó una caja de brocado que contenía uno de los más recientes pañuelos de seda de una reconocida marca internacional de ropa.
Sus líneas fluidas y sus cá