Tras decidir alejarse de él, Samia no quiso perder ni un minuto y actuó de inmediato. A la mañana siguiente esperaba en la planta baja de la residencia masculina, sosteniendo una carta de renuncia impresa.
Killian solía ser siempre uno de los dos primeros en despertar. Así pues, Samia apenas esperó unos minutos antes de verlo salir por la puerta, vestido con su inconfundible camiseta blanca.
—Jefe.
Él la vio en cuanto apareció, pero su expresión se endureció al escuchar cómo lo llamaba. Su mira