Me llevaron a mi celda después de esa conversación, y me tuvieron ahí lo que me parecieron un par de horas, hasta que llegaron con mi ropa seca y planchada y me la lanzaron a la cara para que me cambiara, y lo hice con el corazón palpitando con fuerza en las sienes, cuando terminé, el hombre enorme al que tenía que entregar el remitente me estaba esperando en la puerta y me empujó por un largo pasillo.
Cuando doblamos una esquina logré ver a Walter, traía puesta la misma ropa que el día en que