Su corazón latía tan fuerte en su pecho que podía jurar que veía cómo su piel se estiraba cada vez que éste rebotaba, le hacía calor y su cabello acababa de pegarse a su frente mojada. Cerraba sus ojos con fuerza, sintiendo hasta algo de dolor al hacerlo, no sabía de qué otra forma podía aliviar lo feo que se sentía aquello.
Apretó en un puño las blancas sábanas y después una lágrima solitaria cayó por su ojo, ahí comprendió que el dolor que sentía era más fuerte que él. Abrió ambos ojos de gol