El olor de aquel lugar era terrible, se sentía en todos lados y demasiado fuerte, tanto que el rizado deseaba no poseer olfato, ya no soportaba aquello, el olor a enfermo, a remedios, el olor asqueroso que largaba cada esquina del establecimiento.
Suspiró mientras se acomodaba en su silla y miraba su reloj, llevaba más de diez horas ahí y aún se encontraba igual de preocupado que desde que había llegado. Connor aún no despertaba y los médicos hacían lo posible.
Tenía fe en que su amigo iba a e