Mundo ficciónIniciar sesión—¡Para ya Heather! ¡Soy tu esposo, no un ladrón o algo semejante! — exclamó ya agotado aquel ministro con lindos hoyuelos. Se notaba algo agitado después de correr tanto para alcanzar a aquellas mujeres de las que ya no sabía qué debería de esperar; ellas habían demostrado una y mil veces que trabajando juntas eran un peligroso desastre, podrían compararse a una pequeña bola de nieve rodando por una nevada







