Unos dedos dotados de talento natural y con el entrenamiento adecuado podían hacer brotar las más bellas formas de la tosca roca o de la informe arcilla. Los dedos de Bea se habían perfeccionado a punta de estudio y experimentación. Y no eran los únicos. Desde hacía unos minutos se había despertado con los dedos de Magnus tanteándole la espalda mientras ella dormía boca abajo.
Ya no estaba despierta, pero se quedó quieta, disfrutando de la exploración con tintes de masaje. Su cuerpo era algo nu