Jamás Bea se había lavado los dientes con tantas ganas. Tal vez de niña en nochebuena, para ir a esperar los regalos bien presentada, así le había enseñado su madre, sobre todo si en la cena se había comido pescado.
Las palabras de Magnus todavía le agitaban los dinosaurios. Ningún hombre le había pedido así un beso. Era todo un seductor pese a su inexperiencia.
Era sexy aunque él ni se lo imaginara. Y la tenía ardiendo de deseos sólo con la promesa de un beso.
Se lavó muy bien los dientes y l