Cuando Bea aceptó el matrimonio por contrato, imaginó que tanto ella como su esposo seguirían cada uno con sus vidas, salvo en contadas ocasiones donde tendrían que fingir ser pareja, como en reuniones sociales o eventos por el estilo, nada insensato dentro de lo insensato que era que dos personas se casaran por voluntad de un tercero. Y eso estaba bien para ella, el dinero lo valía.
Luego Magnus y ella empezaron a sentir cosas y supuso que todo sería más sencillo: estaba con el hombre que le g