El edificio de la filial de empresas Grandón en Obanda era viejo y lúgubre, con grandes arcos en la fachada y pilares con acabados neoclásicos. Entrar en él fue para Magnus como entrar en un mausoleo.
Y los muertos se dispusieron en fila india para recibirlo, liderados por su gerente general.
—Estamos encantados por su visita, señor Grandón. Lamentamos el fallecimiento de su abuelo... ¿Por qué está vestido así.
Ni un cabello, ningún centímetro de piel se asomaba fuera de sus ropas protectoras.