—Ve a oír qué tanto hablan ese Julián y Bea —ordenó Ale.
—¿Por qué no vas tú? Tengo sueño —dijo Lucía.
Luego de la cena, Bea y Julián se habían ido a conversar a la sala. Ya era bastante tarde.
—Contigo el tipo tendrá la guardia baja. Además, tú puedes sacarle información. Te lo compensaré luego, amor.
De mala gana llegó Lucía a sentarse junto a Bea. Se puso un mechón de pelo tras la oreja, echó los hombros hacia atrás, levantó el mentón y lució perfecta.
—¡¿Entonces es tu padre el que canta es