Sólo un loco arriesgaría su vida saliendo durante una tormenta como la que había aquella noche en las montañas. Un loco, un adicto, un enamorado, un enfermo. Magnus estaba enfermo, así se sentía. Y le ardían las sienes. En el breve tiempo que había pasado desde que supiera que Bea no estaba con Ale se había afiebrado.
Mientras esperaba que se abriera la puerta del garaje recordó que no había electricidad. Se devolvió y fue por la puerta del costado.
Avanzó iluminando con el teléfono hasta enco