La visita del abogado agitó los ánimos de todos en la mansión. Era un pájaro de mal agüero. Magnus temblaba de sólo mirarlo, a Agustina le daba jaqueca y a Elena... Elena le sonreía y le servía un plato de postre.
—Qué ingenua es la tía —decía Ale—, por mucho que se gane la simpatía del abogado, eso no cambiará la voluntad del abuelo.
—Tal vez planee algo más —sospechaba Agustina.
Aunque no lo pareciera, su mentalmente dispersa hermana podía ser muy astuta.
La que intentaba usar su astucia era