Luego de comer, darse un baño y ponerse ropas limpias, el humor de Magnus estuvo mucho mejor.
Él y Bea esperaban en la habitación por las siguientes instrucciones.
—Si te gusta Lucía, deberías casarte con ella —dijo Bea de pronto.
La escena que acababa de presenciar la tenía con las ideas revueltas. Ella necesitaba el dinero que le pagaba Magnus, pero el amor era el amor, una fuerza invencible.
—Ella no me gusta.
—La estabas acariciando, a ella y a sus bacterias.
—No tengo que darte explicacion