El paradisíaco fin de semana en las montañas llegó a su fin y Bea y Magnus regresaron al infierno. Ella dejó todo listo en casa y partió a la cita con el psicólogo.
Se quedó mirando los dispensadores de alcohol gel junto a cada puerta en el recinto y los carteles que indicaban que debía usar los limpiapiés al cambiar de habitación, y el mueble con pantuflas a la entrada de la consulta, y la forma de mirarla del psicólogo cuando ella osó dar un paso fuera del limpiapiés sin ponerse las pantuflas