Magnus seguía mirando su comida con reticencia, sin atreverse a probarla.
—¿Cómo mataste a la cucaracha a la que le faltaban patas? ¿La aplastaste? ¿La envenenaste?
Morir envenenado era una muerte lenta y dolorosa. Si sobrevivía al almuerzo, le hablaría al gerente para exigirle que no escatimaran en gastos para contratar a los mejores fumigadores, con los venenos más eficientes para darles una muerte rápida e indolora a las pobres criaturas. Qué culpa tenían de ser inmundas. Qué culpa tenía él