54.- Leila.

 — ¡Leila! – dice en un gemido seguido de un sollozo.

— ¡Dakota! – digo sin mirar atrás. Arrastrando tras de mí a mí no-novio-ligón.

No sé cómo llevar esta situación, pero no pienso perderme el hecho de que le gusto, me duele el pecho y necesito llorar, llorar mucho. Él se deja hacer, parece que le divierte la situación.

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