La felicidad de Dante no duró mucho, ya que al día siguiente, a primera hora, su padre se presentó en su mansión con un documento en la mano mientras lo miraba con indignación y rabia.
Dante se encontraba en el comedor desayunando —¡Buenos días, padre!
—De buenos no tienen nada. ¿Crees que me puedes ver la cara y jugar conmigo como si fuera un ingenuo o estúpido viejo loco?
—Es muy temprano para andar de mal humor. ¿Qué sucede?
Él se acercó y de un golpe colocó sobre la mesa el documento donde