Cristian
Me quedé sentado en el sillón de piel, inmóvil, sintiendo el vino tinto y el martini escurrir por mi rostro y manchar la tela de mi camisa. El líquido frío me goteaba por la mandíbula, empapando el cuello de lino y extendiéndose en una mancha oscura y violácea sobre mi pecho que parecía una herida abierta. Bruno me miraba desde el otro lado de la mesa con una mezcla de lástima, incomodidad y absoluto desconcierto. Se