Zamira
La sorpresa de ver a Cristian sentado en esa mesa duró apenas un segundo; de inmediato, una cortina de hielo cubrió mis facciones. Si hubiera sabido que el plan de Bruno para "relajar tensiones" incluía al hombre que me estaba haciendo la vida imposible, me habría quedado en mi despacho.
Caminé con elegancia, mis tacones resonando sobre la madera del bar, y me senté en el único espacio disponible: justo al lado