El interior del auto se sentía como un santuario blindado después del veneno que habíamos dejado atrás en la residencia Del Castillo. La iluminación tenue del tablero perfilaba las facciones perfectas de Cristian mientras conducía por las calles iluminadas de la ciudad. El ambiente, cargado de una adrenalina flotante por la victoria sobre Bruno, se transformó rápidamente en algo mucho más denso y cálido.
Me incliné hacia él, acortando la distancia en los asientos de piel. Deslicé mi mano sana p