Cristian
El reservado privado del Club Capital destilaba una opulencia silenciosa, casi asfixiante. Sentado en el sillón de piel negra, me obligué a mantener la espalda rígidamente recta mientras balanceaba con una lentitud hipnótica el líquido ámbar de mi copa de whisky de malta. Por fuera, sabía que era la viva imagen del control absoluto; por dentro, cada uno de mis músculos estaba en máxima alerta, detectando el peligro que fl