Cristian.
El ambiente en el reservado de la zona alta era denso, impregnado del olor a tabaco de importación, maderas nobles y el murmullo bajo de los hombres que movían los hilos financieros de la ciudad. Pasada la medianoche, me encontraba sentado a la mesa del fondo junto a un par de socios de Nueva York y mi analista principal, analizando minuciosamente las proyecciones en mi tableta. Estábamos cerrando las auditorías masiva