Cristian
Hacía seis años que no sabía lo que era respirar con el pecho ligero. Seis años desde que la universidad se convirtió en un recuerdo doloroso y el eco de los tacones de Zamira al marcharse me dejó atrapado en un laberinto de números, holdings y ambición vacía. Pero esa noche, mientras acomodaba los puños de mi esmoquin frente al espejo del reservado, sentía que finalmente había recuperado mi corona. O mejor dicho, ha