Cristian
El silencio que se instaló en la planta baja tras el golpe de la puerta fue más ensordecedor que cualquier grito. Me quedé inmóvil, de pie en el centro del despacho, escuchando únicamente el zumbido de la lluvia y el eco de sus últimas palabras flotando en el aire como una sentencia de muerte.
«Si vuelves a ponerme una mano encima, te juro por la memoria de mi madre que te destruyo».
Bajé lentamente la mano que aún