Zamira
El semáforo en rojo titilaba sobre el asfalto mojado por la tormenta de la noche anterior, reflejándose como una mancha de sangre sobre el capó de mi auto. Apreté las manos contra el cuero del volante, sintiendo la dolorosa rigidez de mis propios nudillos. El zumbido del motor era lo único que rellenaba el espacio, pero dentro de mi cabeza el ruido era ensordecedor.
«Fui un imbécil… Estoy enamorado de ti… Todo lo que te