Nuestros rostros estaban tan cerca el uno del otro, yo era consciente de ello, estaba nerviosa, sentía su respiración, la tensión entre nosotros, estaba paralizada pero al mismo tiempo realmente dispuesta a permanecer así.
—Lo lamento — dijo él alejándose de manera apresurada, podía notar en sus mejillas que un ligero tono rojizo se había instaurado en ellas.
—¿Qué lamentas? — pregunté fingiendo no saber nada, un tanto abochornada también por la situación.
Una sola duda rondaba en mi mente «¿Yo