Aún embriagada por la red que son sus besos, lo abracé por el cuello y lo pegué un poco más a mí, tirando de su cabello y dejando una leve mordida en sus labios. Su respuesta fue atacarme con mucha más ansiedad, con más pasión, mucha más fiereza y con más ganas con las que me besó cuando estaba pasado de tragos. Aunque me falta el aire en los pulmones, no quiero despegarme de su boca. Sus besos son muy intensos. Miento al decir que no me gustan, pues nunca antes Oliver me había besado de esta f