Franco
Levantaba el cuello de mi camisa acalorado, el tema murió en el instante que Camila habló de lo sucedido esa noche. Ella también pareció incomodarse, comprendo que el nivel de lo pasado en esa habitación pasó por encima de muchos límites.
Llegando a casa bajé del auto, algunas empleadas le ayudaron a mi esposa con sus bolsas.
—Organice rápido su compra, tengo que hablar con usted.
Camila me mira de mala gana, recoge varias de sus bolsas y entra a la casa.
—¿Me escuchó?
—Si, si, más tarde