Dixon.
Despertó entre las sábanas grises, con el torso desnudo, aún usando los pantalones blancos. Parpadeó varias veces, intentando acostumbrarse a la molesta luz que se colaba a través las cortinas. Pasó sus manos por el rostro, se sentía cansado. No había dormido prácticamente nada. Su cabeza era lío, y todo se lo debía a "Chantal Robinson", menuda niña con genes malditos que tenía la habilidad de volverlo loco ¡Y de qué manera! Podía jurar que todavía la fragancia semidulce que usaba, ronda