Dixon.
Dixon observó los pétalos rojos sobre la gris alfombra. Eran la prueba de que Chantal había estado ahí. Tal vez Émile tenía razón, tal vez si seguía con su juego detrás de la rizada solo terminaría haciéndole daño. O lo que es peor, el daño lo terminaría recibiendo él, y ese era un precio que no estaba dispuesto a pagar.
Él no era de ese tipo de hombres, que se derrumbaba y moría por lo que hay entre las piernas de una mujer. Él era quien las hacía desfallecer ante el deseo y el placer q