Chantal.
Él aún mantenía los dedos empapados sobre su intimidad. Observó el semblante extasiado de Chantal y la satisfacción le hizo sonreír. Esta le correspondió, viendo aquel brillo de suficiencia en sus ojos azules. Sintió un gran bochorno y con un movimiento rápido se corrió hacia un lado, quedando sentada al otro extremo del sofá.
Detalló a Dixon, desde su agitada respiración, los dedos relucientes con sus fluidos, hasta el enorme bulto que permanecía erguido entre sus piernas.
"¿Y ahora