—¡No puedes hacer eso!— proclama Rebeca, y siente su sangre hervir
—Beta, sácala de aquí, y por su falta de respeto, quiero que no permitas que se lleve sus cosas, quiero que se vaya con las manos vacías— ordena Mía sin dejar de mirarla
—sí reina, Mía— dijo Beta y siente algo de lástima por Rebeca, porque de igual forma la ama pero ella se lo merece eso y mucho más
—¡No! ¡De aquí nadie me saca! El único que puede echarme es el rey ¡No, tú!— la señala
Mía se acerca firmemente y la abofetea. —¡