Mía se está maquillando, sin ánimos frente al tocador.
Su corazón se sentía como un juego ardiendo y la ansiedad la estaba dominando. Su visión se torna borrosa por las lágrimas que se deslizan por sus mejillas sin el más mínimo esfuerzo.
Su sexto sentido le decía que su hijo se estaba alejando cada vez más de ella físicamente, pero nadie le ayuda a rescatar a David.
No esperaba que las sirvientas entrarán repentinamente a la habitación. Las cuales enviadas por el príncipe Jack la arrastraron br