Grito desesperadamente una y otra vez, mientras veo mi vida pasar ante mis ojos.
—Ya deja de gritar, guapa… nadie te escuchará. ¿A dónde ibas tan a prisa? —Dice uno de los hombres en tono de burla, mientras el otro se acerca más a mí, hasta arrinconarme a la pared de una casa. Empiezo a batuquear mi bolso, intentando golpearlos, buscando que se alejen de mí.
—¡Ya, tranquila!, no te haremos nada malo, por al contrario, te haremos algo muy bueno. —Dice el hombre que está más cerca,