PENDIENTES

Luego de pasar un rato agradable con Christian, me lleva a mi casa. Mientras vamos en el auto, ninguno de los dos deja de sonreír como tonto, mientras nos tomamos de las manos.

—Ya llegamos, cariño. —Me dice, y me doy cuenta de que ya estamos en mi casa, el trayecto lo sentí extremadamente corto, y estaba tan embobada que ni siquiera me di cuenta cuando se abrieron las rejas para que el auto pasara.

Christian detiene el auto, se baja y me abre la puerta, y yo ni siquiera le doy las gracias, pues mi cerebro solo puede pensar en que me llamó “cariño”, lo que me hace querer llamarlo de alguna manera también, pero las palabras que se me ocurren en mi mente suenan nefastas, “amorcito”, “bebé”, “chiquito”…

—¿Cariño?… ¿Cariño?… —Me llama una y otra vez.

—¿Eh?, ¿Qué?… perdón, es que estaba distraída … —Digo avergonzaba al notar que me estaba llamando desde hace varios minutos.

—Sí, lo noté. ¿Puedo saber en qué pensabas?

—Nada importante, bobadas mías. ¿Quieres pasar? —Le preg
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