Al cabo de unas tres semanas, todo marchaba dentro de lo normal. Mi padre no me había vuelto a llamar, y seguía buscando un lugar para mudarme. A Austin, no lo había vuelto a ver, ni siquiera sabía de él, y en la empresa todo iba de maravilla. Estaba segura de que me quedaría con el contrato, pues a diario me esmeraba por hacer tan bien mi trabajo, que varios jefes de departamento querían trabajar conmigo, y no paraban de elogiarme por mi desempeño.
—Me satisface tu proactividad, Ava. Es po