145: Narrador omnisciente.
El motor de su carro rugió en la calle tranquila, rompiendo la tensión que se había quedado suspendida en el aire como una amenaza invisible.
El señor Landeros permaneció de pie unos segundos, con el sobre aún en la mano. Lo miró con odio, con una mezcla de rabia y humillación que le tensaba la mandíbula. Sin pensarlo dos veces, lo apretó con fuerza… y lo destrozó.
El papel se hizo pedazos entre sus dedos.
Fragmentos blancos cayeron al suelo como cenizas de algo que ya no tenía solución.