El silencio dentro de la bodega se vuelve insoportable.
Puedo escuchar mi propia respiración.
Pesada.
Irregular.
Mi hijo.
Tengo un hijo.
Las palabras del fiscal siguen golpeándome una y otra vez dentro de la cabeza mientras siento algo oscuro creciendo en mi pecho.
Furia.
Una furia tan violenta que hasta mis manos empiezan a temblar.
El fiscal me suelta de la camisa y retrocede apenas.
Pero no deja de mirarme con odio.
—Si algo le pasa a mi nieto…
No termina la frase.
No necesita h