Dylan lanzó un hechizo aturdidor para que todos se calmaran.
Alan soltó a Bael y este se apoyó en lo que quedaba de pared.
—¡¿Y todavía se preguntan por qué está ocultándola?! —exclamó Dylan.
—¿Dónde está? —preguntó Alan sin dejar de ver a su hijo, los dos se sostenían las miradas color rojo fuego—. ¡¿Dónde está?!
Bael negó con la cabeza y Alan rugió como un animal furioso.
—¡¿Le vas a dar la espalda a tu familia por esa zorra traidora?! —exclamó Alan.
—No estoy haciendo nada de eso —le respond