Jeremy tenía la boca abierta después de escuchar todo lo que se perdió por asistir a su trabajo como una persona normal. Miraba el rostro de cada compañero en la estancia. Algo contrariado porque no sabía qué sentir. Lo más seguro que sintió fue miedo.
—Debería tomar a mis hijos y a mi esposa y largarnos a la manada de mi hermano —razonó Jeremy.
—Por favor, Jeremy —Oliver tomó un gran trago de vodka puro—. Cállate.
—Ya le mandé un mensaje encriptado a Concetta —dijo Jaime ingresando al despac