85. Dulces besos
—Buenos días —murmura contra mi cuello, dándome un beso.
—Buenos días —respondo, girándome entre sus brazos—. Hice café. O lo intenté.
—Ya veo —dice, mirando la cafetera, que emite unos gorgoteos preocupantes—. De verdad que lo conseguiste. Me impresionas.
—Estoy llena de sorpresas.
—De verdad —dice, y algo en su tono me hace alzar la vista.
Me mira con una expresión que no logro descifrar. Tierna, contradictoria y deseosa a la vez.
—¿Qué? —pregunto.
—Llevas puesta mi camisa.
—No encontré la mí