103. Frotándose contra su pene
La frente de Kai descansaba contra la mía, su aliento cálido y áspero rozando mis labios. Su sabor aún persistía en mi lengua: cerveza y algo más oscuro, algo que me oprimía el estómago de deseo. Mi corazón latía con tanta fuerza que lo sentía en la garganta, en las muñecas, entre las piernas. Seguía medio sentada sobre su regazo, con uno de mis muslos sobre el suyo, el calor de su erección presionando insistentemente contra mí a través de sus vaqueros. Mis finos pantalones cortos de dormir cas