Dominic subió con rapidez al escenario al ver que sus dos compañeros estaban uno muerto y el otro gravemente herido. Estuvo a punto de perder el control y atacar a Fane.
Si lo hacía, eso sería justo lo que Fane quería: no tendría que hacer nada y las reglas del mundo de las Maravillas lo convertirían en cenizas.
Dominic apretó las manos con fuerza, con los ojos llenos de sangre, mirando a Fane con una expresión de furia desbordada:
—¡Lo juro! ¡Aunque tenga que dar mi vida, no te dejaré escapar